Las apuestas deportivas y las discusiones que provocan
Tal vez a esta altura de los acontecimientos todos sepan de qué se tratan las apuestas deportivas� pero por las dudas nunca viene mal recordarlo: realizar apuestas deportivas es una actividad que consiste en predecir los resultados de un evento deportivo, por ejemplo, apostando un monto de dinero a que en determinado partido de fútbol ganará cierto equipo.
Según informó la AEDAPI (Asociación Española de Apostadores Deportivos en Internet), la industria española de los casinos y las apuestas facturó cerca de 413 millones de euros en el año 2006, incrementándose un 65% las ganancias obtenidas en el 2005. Esto demuestra el acelerado crecimiento al que se ve sometido las apuestas en España, convirtiéndose en el país europeo que más incrementó sus gastos en este sector, aunque todavía no supera a Inglaterra y Alemania.
Dentro de las apuestas deportivas, que juegan un papel fundamental en dicho contexto, el fútbol atrae al 70% de los apostadores. Le siguen el tenis, la fórmula 1 y las motos.
A nivel mundial, existe un debate en cuanto a la legalidad de las apuestas deportivas. Quizás eso sucede por la misma constatación de que se trata de una actividad en ascenso, en lo que a ganancias para las empresas privadas se refiere.
Por ejemplo, en Estados Unidos, las apuestas deportivas son legales únicamente en los casinos de Nevada. Por otro lado, en varias naciones europeas los corredores de apuestas (que son los que reciben y organizan las apuestas deportivas) tienen que coexistir con grandes regulaciones en cuanto a su profesión, aunque esta no llega al límite de ser considerada como un crimen.
En España específicamente, el sector del juego tradicional está criticando actualmente la situación de alta permisividad que viven las apuestas en línea en general. Entre los que se quejan se encuentran compañías del juego españolas, como Cirsa, Codere (que cerró el 19 de octubre del 2007 su debut en la Bolsa española con una revalorización del 4,76 por ciento y posee 56 salas de apuestas deportivas, entre otros locales de juegos), y Recreativos Franco. La Comisión de Economía y Hacienda del Senado también solicitó la elaboración de un proyecto que regule las apuestas electrónicas. Dicho pedido tuvo una buena recepción de parte de la Asociación Española de Apostadores Deportivos por Internet (Aedapi).
La única comunidad autónoma en España donde se encuentran reguladas las apuestas deportivas es Madrid (aunque parecería que el país vasco está en camino de hacer lo mismo). Por esta razón es en esa ciudad española donde se abrirá en el correr del primer trimestre del próximo año, un local de apuestas a cargo de dos grandes compañías dentro del sector del juego. Se trata de Bwin, una compañía austríaca, y Betbull, un operador de apuestas deportivas en locales de venta, con licencia otorgada en Gibraltar.
Bwin actualmente es la empresa que está patrocinando al equipo de fútbol Real Madrid, pagándole 15 millones de euros por cada una de las tres temporadas acordadas en el contrato. En el 2007, Bwin cerró la primera mitad del año con una facturación total de 1.123 millones de euros, siendo su principal fuente de ingresos las apuestas deportivas de las cuales obtiene 76,2 millones de euros.
Teniendo en cuenta los ostentosos montos de dinero que giran en torno a las apuestas deportivas, se entiende en parte los motivos de la discusión en cuanto a si se trata o no de una actividad legal. En torno a dicha discusión, encontramos en líneas generales dos tipos de posturas con sus respectivos argumentos. Los que defienden la legalidad de las apuestas deportivas afirman que los fanáticos de los deportes las practican como un inocente hobby cuando se interesan por un evento deportivo en particular. Esto a su vez produciría como consecuencia algo positivo para las ligas deportivas y los equipos con sus jugadores, puesto que al haber más interesados en los deportes aumentaría la asistencia a las competencias deportivas y se incrementarían las audiencias televisivas.
Luego tenemos a los que se oponen a la tan polemizada legalización de las apuestas deportivas, puesto que consideran que las mismas constituyen una amenaza a la integridad del deporte, tanto amateur como profesional, y como evidencia sacan a luz la historia de los numerosos intentos de apostadores deportivos por arreglar partidos. Ante esto los defensores argumentan que los corredores de apuestas deportivas luchan en contra de la corrupción de igual modo y con la misma tenacidad con que lo hacen los miembros del gobierno y sus leyes.
Sin profundizar en los detalles, queremos mencionar uno de los recientes incidentes, a modo de ejemplo, que juega en contra de aquellos que están a favor de las apuestas deportivas. En setiembre del 2005, dos referís (Edilson Pereira de Carvalho y Paulo Jos� Danelon) fueron acusados de arreglar varios partidos en el campeonato del estado de San Pablo, para ganar una apuesta realizada a través de Internet, que movilizaba cerca de 100.000 dólares americanos por cada día de partido. Luego de una renuncia y dos arrestos, una corte ordenó que se volvieran a jugar los partidos donde Carvalho había sido el referí y sin cobrar entrada al público; pero no se tomó ninguna decisión en cuanto a la situación del otro referí, José Danelon.
Quizás no haya que alarmarse tanto. La situación sería un poco más grave si todavía estuviéramos en la antigua Grecia, donde el juego y el deporte poseían un valor social importante en la educación y crianza de los niños. Fue allí donde se institucionalizaron los deportes, especialmente a partir del año 776 a.c. con el desarrollo de los Juegos Olímpicos, practicados en sus orígenes en honor al dios Zeus.
Las apuestas deportivas no parecen verse obstaculizadas por la discusión que se ha despertado en torno a ellas. Todo lo contrario, siguen incentivando ese instinto ciertas veces animal que posee el hombre para tomar riesgos, y de ese modo continúan constituyéndose en una industria cada vez más poderosa. Las cosas serían un tanto diferentes tal vez, si antes de apostar en un evento deportivo, tuviéramos que pedirle permiso a Zeus o algún otro ser supremo.